
La conquista del Perú es uno de los temas más estudiados de la historia nuestro país, sin embargo, la presencia de nuestras antepasadas en este suceso de gran trascendencia ha permanecido casi oculta. En este ocultamiento no están solamente las indígenas, sino también las primeras europeas que llegaron a estas tierras y las mestizas.
Las primeras europeas pretendían ser reconocidas como parte del proceso de colonización, pero como se les asignaba por aquel entonces una posición subordinada, no se daba mucho valor a su pedido, algunas de estas mujeres se dirigieron a las autoridades metropolitanas para encarar aquella injusticia.
Y cuando se habló de ellas era fundamentalmente en relación a la vida conventual, no se tomó en cuenta su intervención en la formación de la sociedad criolla.
Se sostiene que la vida de estas mujeres no fue tan pasiva como se podría imaginar: Se impuso en muchas de ellas el modelo del "donjuanismo", asociado con rasgos de egoísmo, ostentación y agresividad.
En cierto modo, podemos ver un ejemplo de mujer no pasiva en Inés Suárez (acompañó a Pedro de Valdivia en la conquista de Chile), quien demostró un valor y osadía poco comunes, su palabra tenía gran validez entre los soldados. A pesar de su edad madura y las complicaciones en que vivía, se propuso aprender a leer con la ayuda del bachiller Rodrigo González en plenas jornadas bélicas.
La corona española deseaba que en las Indias se formase una sociedad estable, así que se apremió al envío de las esposas de los conquistadores casados, pero también se incentivó la llegada de doncellas para que los colonos formaran auténticas familias y abandonaran el concubinato y la poligamía en que estaban cayendo con las mujeres amerindias.
Si bien en los inicios la proporción entre los géneros era de diez hombres por cada mujer, luego de que los conquistadores trajeran a sus esposas de la Península, la relación comenzó a variar rápidamente y en 1540 ya se contabilizaban tres españolas por cada diez varones. A esta cifra se sumarían las mestizas aculturadas que tuvieron la suerte de poder casarse e integrarse al grupo peninsular. En 1555 había unas 1000 mujeres en la ciudad de Lima, lo que representaba una proporción siete u ocho veces menos que los varones. Todavía el censo de la capital virreinal levantado en 1613 indicó una desproporción de 6 a 5 en favor del grupo masculino (Lockhart 1968: 151-152, Patrucco 2000:464). (*)
Las españolas recién llegadas pertenecían a diversos sectores sociales. Entre ellas habían mujeres analfabetas y mujeres educadas que sabían escribir y leían a los clásicos.
Todavía subsiste correspondencia privada del siglo XVI y en ella podemos apreciar que muchos colonizadores trataban de convencer a sus parientes femeninas para que viniesen a las Indias, diciéndoles que las mujeres españolas no se ocupaban en hilar, ni guisar comida, ni labrar la tierra, sino que ocupaban su tiempo en charlas y diversiones.

En el caso de las mujeres indígenas, la invasión repercutió muy hondamente tanto en las mujeres de la nobleza como en las de las clases populares. A continuación algunos ejemplos: En el norte, las cacicas perdieron, debido a la invasión europea, su posición sociopolítica a favor de los varones. Muchas mujeres nobles se conviritieron en mancebas, concubinas o prostitutas.
(*) Lo que está en cursiva lo he citado de manera íntegra, tal y como sale en mi bibliografía.
Bibliografía
"La mujer en la Historia del Perú (siglos XV al XX)" (Carmen Meza y Teodoro Hampe -compiladores)
"Doña Francisca Pizarro, una ilustre mestiza 1534-1598" (María Rostworowski)